SANDRA MIHANOVICH HAGAMOS EL AMOR

SE CUMPLEN 40 AÑOS DE ESTE TRABAJO Y LO CELEBRA CON UN DOCUMENTAL EN SU CANAL DE YOUTUBE

 

Hagamos el amor” de Sandra Mihanovich cumple 40 años de su lanzamiento y se festeja con un documental donde Sandra nos recuerda momentos y anécdotas de esa hermosa época.

El disco salió en 1983 y fue su tercer trabajo, tras un temprano disco debut a los 20 años de edad (con el hit “Falta poco tiempo”) y el boom del LP “Puerto Pollensa”, lleno de hits.

Según recuerda Sandra, como “Hagamos el amor” salió después de semejante éxito, “quizás fue medio ninguneado”. Pero tampoco fue para tanto: se presentó en el Teatro Opera y posibilitó recorrer todo el circuito de pubs de Capital y discotecas del Gran Buenos Aires, además de las capitales de provincia. Se trata de un disco exquisito y variado, con un extraordinario abanico de hermosas canciones de grandes autores, por ejemplo “María María” de Milton Nascimento, “Quereme, tengo frío” de Marilina Ross, “Vuele bajo” de Facundo Cabral, “Habla el alma que hay en mí” de Alejandro Lerner , “Como el padre sol” de Francisco Bagalá, “A vos ciudad” de Pepe Cibrián, “Negro” de Rubén Rada, “Danza” de Ivano Fosati, y “Liberock” de su hermano Vane Mihanovich.

Además, toda una rareza en su carrera es la inclusión de un tema propio como “El juego de la vida”, y también un poema de Jorge Luis Borges musicalizado por ella misma: “Milonga de un soldado”.

La grabación se hizo en los famosos estudios Ion, con cinta abierta y con un legendario técnico: Amílcar Gilabert, el mismo de León GiecoSerú GiránMercedes Sosa y tantas figuras más de los años ‘70 y ‘80.

La banda estaba formada por su hermano Vane, Damián Figueroa en guitarra, Quique Conte en bajo y Jorge “Cacho” Patrono en batería.

La tapa es un retrato donde se la ve seria, provocadora, casi desafiante, como animándose a decir en el título una frase fuerte para la época: “Hagamos el amor”.

Dijo Sandra: “Siempre sentí que cada canción es un tesoro extraordinario, y mi admiración por los autores me genera una responsabilidad enorme. Soy un pacman de canciones: las escucho y las siento, se me reproducen en la cabeza y las imagino, me emocionan. Pude definir una identidad como cantante a partir de las canciones que fui cantando y el repertorio que fui armando”.