ASÍ FUE SU GRAN SHOW EN EL MOVISTAR ARENA

Andrés Calamaro, el eterno «Salmón» del rock en español, se reencontró con su público porteño en el Movistar Arena con una impresionante tripleta de shows con entradas agotadas (los días 25, 26 y 28 de noviembre), en el marco de su exitoso “Agenda 2025 Tour”. Cada noche, ante 15.000 fieles, se consolidó como una demostración del poder inquebrantable de su cancionero.
El Show: Intensidad, Historial y Pura Mística Rockera
Las crónicas de prensa describieron el espectáculo como un «fusilamiento de hits» y una noche de «pura mística rockera». El foco del concierto estuvo en la intensidad y en la conexión transversal con un público que abarcó varias generaciones.
Calamaro, siempre enigmático y sin artilugios grandilocuentes, se apoyó en una banda sólida y de gran trayectoria, que incluyó a Germán Wiedemer, Julián Kanevsky, Mariano Domínguez, Andrés Litwin y Brian Figueroa, sumando los vientos de Andrés Ollari y Pablo Fortuna.
Repaso de Himnos y Celebración de «Honestidad Brutal»
El repertorio fue un recorrido demoledor por sus cuatro décadas de carrera, incluyendo material que no interpretaba hacía tiempo, en una especial celebración por los 25 años de su emblemático disco «Honestidad Brutal».
Entre los himnos que provocaron el cantito de cancha y el brazo en alto de la multitud se destacaron:
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De su etapa solista: Crímenes Perfectos, Te Quiero Igual, Flaca, Paloma, Mi Enfermedad, Me Arde, y el moderno clásico Rehenes.
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De Los Rodríguez: Para no olvidar, A los ojos y Sin documentos.
El final de cada noche solía llegar con Los Chicos, a veces mezclado con guiños a The Beatles (I Want You) y a Soda Stereo (De Música Ligera), en un cierre que dejaba la sensación de haber presenciado un evento más allá de un simple concierto.
Invitados de Lujo y Momentos Especiales
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Chano y Bambi (de Tan Biónica) se unieron para cantar Donde manda marinero.
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Facundo Soto (de Guasones) subió al escenario para interpretar El Salmón.
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Pato Sardelli (de Airbag) compartió la versión de Paloma.
El Elemento Visual y la Polémica
Más allá de lo musical, en algunas canciones, la parte visual del show funcionó como un complemento al concepto lírico. Algunas crónicas destacaron la proyección de imágenes de guerra (Vietnam, Hiroshima), lo que, como es costumbre en Calamaro, generó lecturas y debates sobre su doble juego político y su figura de «Maestro de la confusión» en el rock.
El consenso es que Calamaro, una vez más, no solo llenó tres estadios, sino que entregó un espectáculo que demostró el poder inagotable de sus canciones, ratificando su lugar como una leyenda viva del rock hispanoamericano.