EL ÁLBUM DEL TRÍO LIDERADO POR LUIS ALBERTO SPINETTA PERMANECE COMO UNA DE LOS OBRAS MÁS BELLAS DEL ROCK ARGENTINO
Corría 1976 y la Argentina atravesaba uno de los momentos más oscuros y convulsos de su historia reciente. En ese contexto de opresión, sofocación y censura, Luis Alberto Spinetta, Carlos «Machi» Rufino y Héctor «Pomo» Lorenzo —sumando para la ocasión la guitarra de Tomás Gubitsch— se encerraron en los estudios CBS para grabar una obra que, medio siglo después, sigue sonando como un milagro de belleza y resistencia: El jardín de los presentes.
La nave de fibra hecha en Haedo: Música como refugio
Si los trabajos anteriores de Invisible coqueteaban de forma más directa con el rock pesado, el hard blues y la psicodelia, en El jardín de los presentes la banda refinó su propuesta hacia un terreno sofisticado donde el rock progresivo, la poesía surrealista y el tango urbano se fusionaron de manera perfecta.
Con apenas ocho canciones, el álbum ofreció a una generación de jóvenes golpeados un espacio de vuelo y libertad mental. Desde el comienzo con «El anillo del Capitán Beto» (que inmortalizó la historia del colectivero espacial que extrañaba las milongas y el mate) hasta la épica lírica de «Los libros de la buena memoria», Spinetta logró capturar la melancolía porteña como nadie.
Tres claves de un disco inmortal
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El cruce con el tango: La incorporación del bandoneón a cargo de Juan José Mosalini y Rodolfo Mederos en temas como «Las golondrinas de Plaza de Mayo» quebró definitivamente las fronteras entre el rock nacional y la música ciudadana.
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Virtuosismo al servicio del clima: Las guitarras entretejidas de Spinetta y Gubitsch, sumadas a la base rítmica milimétrica y sutil de Machi y Pomo, crearon texturas sonoras que influyeron a toda la escena musical sudamericana.
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Canciones que son himnos: El disco alberga composiciones inolvidables como «Ruido de magia», «Que ves el cielo» y «Perdonado (niño condemned)».
«¿Dónde está la canción que escuchaba al despertar? ¿Dónde están los amigos que no volvieron más?»
— Los libros de la buena memoria